Belleza, belleza por todas partes

Al final de la calle Prat de la Creu, en Andorra la Vella, hay una bella desnuda en una rotonda. ¿De quién se trata —os preguntaréis— y qué hace ahí? Se trata nada más y nada menos que de la bella Mari Carmen. Esta maravillosa escultura de bronce, elaborada con cariño por Josep Viladomat, ocupa un lugar central en la rotonda y se exhibe a la intemperie. ¿Pero cuántas personas se han fijado en ella?

Mari Carmen, obra de Josep Viladomat (1966)

La escultura cambia de tono con las estaciones: bronce oscuro en otoño e invierno y bronce brillante en primavera y verano. ¿Lo habíais notado? La próxima vez que estéis cerca del Polideportivo de Andorra, deleitaos con su belleza. Realmente me pregunto cuántas personas vienen al país y aprecian estas joyas esparcidas por la capital y por Escaldes-Engordany.

La puntaire, obra de Josep Viladomat (1972)

¿Habéis visto la joven que realiza un encaje de bolillos cerca de inlingua Escaldes? Todos los profesores de inlingua que enseñan en Escaldes-Engordany están familiarizados con esta doncella tranquila y trabajadora que no presta atención al ajetreo del tráfico y los peatones que la rodean. Está plenamente concentrada en su labor. La artesanía de la joven ha sido representada con esmero y amor por el mismo escultor, Josep Viladomat, con cada detalle de su trabajo capturado en bronce, sin mencionar la profunda concentración en su rostro.

La morisca, obra de Josep Viladomat (1967)

¿Y qué me decís de la joven pareja de baile que se halla en los jardines de la Casa de la Vall? Con solo mirarlos, se siente el júbilo que exudan alegremente mientras bailan una danza tradicional de Andorra, la morisca. Los dos jóvenes vivaces y felices simbolizan el gran acontecimiento de la Nueva Reforma de 1866 en Andorra, cuando se otorgó el derecho a voto a todos los jefes de familia elegibles y no solo a los ricos.

Arnaldeta de Caboet, obra de Sergi Mas (2007)

Luego está Arnaldeta de Caboet. Esta estatuilla, que hallaréis debajo de una conífera en Escaldes, es apenas visible. Tiene una estatura diminuta pero un estatus grandioso, ya que es de gran importancia para la historia de Andorra. Arnalda de Caboet se casó con el vizconde Arnau de Castellbò y de esta unión nació una hija, Ermesenda, que se casó con Roger Bernat, conde de Foix. Esto es significativo porque el nieto de Ermesenda firmó el primer pariatge de Andorra con Pere d’Urg, obispo de Urgell, en 1278. Además, de este linaje proviene el rey Enrique IV de Francia, pero me parece que ya estamos divagando… Esto no tiene la intención de ser una lección de historia.

Antes era una práctica habitual que los países colocasen estatuas para honrar a figuras públicas significativas en espacios comunes. Una vez al año, en algunos países, la gente les rinde homenaje, recordando así a las generaciones futuras sus grandes líderes, sus valores y los hechos históricos vividos, haciendo que la población se sienta orgullosa y patriótica.

Es un hecho que hoy hay mucha controversia sobre el valor de las estatuas que representan eventos o períodos en la historia de un país. A menudo los héroes de antaño son vistos como los villanos de hoy. Sin embargo, este es un debate para otro día. Hoy bailad con los bailarines que se aprecian en esta escultura ubicada cerca de la calle del Pui en Andorra la Vella y pensad en los versos de WH Davies:

“¿Qué es esta vida si, llenos de cautela,
no tenemos tiempo para parar y mirar?”

El contrapàs, obra de Sergi Mas (1977)

Os recomiendo que salgáis y disfrutéis de la belleza del arte y alabéis a quienes tienen el talento para crear tales maravillas.

Por Amelia Soares

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